El sentimiento de culpa

Siempre he tenido presente que los sentimientos no son ni buenos ni malos, simplemente son y todos tienen un propósito. Aunque tratándose de la culpa, me parece que es lo más inútil que podemos llegar a tener los seres humanos. La culpa ha sido el sentimiento que más ha envenenado mi vida, ya que me ha atormentado, invadido de angustia y de autodesprecio. Para solucionar el problema de la culpa en mi vida, lo que he hecho es cambiarla por responsabilidad, asumir el daño que se causó, cuando efectivamente se causó un daño, me ha liberado de ese sentimiento. Esto significa, reparar ese perjuicio, en la medida en que sea posible. Cuando el daño es solamente imaginario, la responsabilidad estriba en hacer conscientes esos sentimientos de culpa, estableciendo su origen y la forma en que se manifiestan.

Además, es fundamental lograr transformar la culpa en responsabilidad, porque la culpa es un sentimiento que no nos sirve para ayudar a las personas que hemos afectado, sino solo para hundirnos y causarnos sufrimiento. Es importante saber que la culpa no es lo mismo que la responsabilidad, ser responsable de algo, no quiere decir culpable. Este sentimiento lleva componentes implícitos que no nos ayudan en nada. No es lo mismo ser responsable de una decisión que culpable de una decisión. Es vital tener esto en cuenta, porque a veces nos responsabilizamos de cosas que no podemos controlar, que no podríamos cambiar ni aun deseándolo con todas nuestras fuerzas. Sentirnos culpables de eventos, resultados o situaciones que no dependen de nosotros, afecta a nuestro estado de ánimo, nos frustra y muchas veces, nos enfada. La responsabilidad nos ayuda a aprender de nuestras experiencias y a poder cambiarlas. Antes de culpabilizarse, debemos preguntarnos si los resultados negativos obtenidos han sido buscados de forma intencionada o no.

Sin embargo, el sentimiento de culpa tiene una función relevante, y es que nos permite reconocer cuando nos hemos saltado una norma, pero es aquí donde la responsabilidad juega un papel clave. Ser responsable significa tener tolerancia al error, asumir las equivocaciones y seguir adelante. Cuando sentimos culpa, solemos paralizarnos, reprocharnos y ponernos melodramáticos, pero esto no sirve para nada. Por el contrario, lo que debemos hacer es movernos a la acción. Es decir, si hoy me equivoque, debo pensar que puedo hacer hoy para solucionar mi equivocación con responsabilidad. Atormentarnos por una culpa, no nos hace mejores personas, todo lo contrario, nos impide mejorar. En cambio, asumir la responsabilidad propia en los daños reales e imaginarios es el camino auténtico para superar esta inútil faceta de sufrimiento.